sábado, 19 de julio de 2014

La negación del alma

A partir de la información expuesta en la entrada anterior, se deduce que el yo, para muchos conocido como alma, es producto enteramente del cerebro y de la actividad que éste genera.
Así pues, parece que no hay lugar para la idea del alma; el hilo de pensamiento, los estímulos, la consciencia y la concentración son suficientes para construir el yo.

Cabe tener en cuenta que el ser humano ha intentado desde siempre dar explicación a aquéllo que no comprendía, aunque tubiera que hacerlo mediante el uso de la intuición y la imaginación.
Así como se crearon dioses para explicar el funcionamiento de la naturaleza, se creó el alma para explicar el yo. ¿No es lógico entonces creer, o al menos cuestionarnos, si debemos seguir explicando el yo a partir de un concepto tan antiguo, sencillo e incompleto como lo es el alma? Por supuesto que es lógico, pues si nuestra especie no se cuestionara sus propios conocimientos, probablemente viviríamos aún en cavernas.

Pero resulta muy reconfortante seguir creyendo que en nosotros existe una parte que no es material, pues sólo si así fuera podríamos permanecer en este mundo más allá del día de nuestra muerte. Es por esta razón que tanta gente se aferra aún a la idea del alma, o bien de su adaptación moderna, aquélla a la que algunos dan el nombre de "energías". La cuestión es buscar siempre la forma de justificar la creencia en la vida después de la muerte, pero ¿cómo es posible que exista algo en este mundo, que no esté soportado por algo físico?, es decir, ¿cómo podrían permanecer vivas nuestras experiencias, la información almacenada en nuestra memoria, nuestra voluntad como individuos y en definitiva nuestro yo, sin un cuerpo físico el cual resulta completamente necesario para dicho fin? 

Aquellos que decidan seguir creyendo en el alma o conceptos similares tras estas reflexiones, deberían ser honestos y admitir que lo que buscan no es la verdad, sino un placebo que actúe como analgésico ante la idea de la muerte. Personalmente sugiero que superemos este miedo.

Otro argumento debastador para la idea del alma, es que ésta no tiene ni ha tenido nunca ninguna utilidad práctica en términos evolutivos, a diferencia de todos los elementos que nos construyen como individuos. En un mundo regido por el estricto pragmatismo, como lo es el de la evolución, en el que todo existe por una causa, por una necesidad de adaptación, ¿qué sentido tiene para una especie el desarrollar un sistema por el cual cuando un individuo de la misma muere, es capaz de mantener una conciencia etérea? Absolutamente ninguno, resulta completamente inútil, por lo que automáticamente el creer en ello se convierte en algo absurdo, al margen de los posibles cuestionables beneficios psicológicos que ello comporte.

Finalmente, cabe comentar que en toda la historia de la humanidad, de todo el conocimiento que hemos acumulado hasta el momento, no hemos encontrado ninguna evidencia, ninguna sola prueba corroborable de la existencia del alma, por lo que todo apunta a que ésta es fruto de la imaginación propia de nuestra especie.
Algunos pensarán que el yo es una prueba de la existencia del alma, pero no lo es, pues en todo caso hablamos de un indicio, y es un indicio que puede ser explicado de una forma mucho más acurada. El alma no es el yo, sino un apéndice de éste, que le concede la vida eterna, para que nosotros podamos justificarla y seguir creyendo en ella cuando en una realidad como la nuestra ésta no resulta ni viable ni necesaria. El alma actúa entonces como una benda que cubre nuestros ojos adormeciendo, que no eliminando, nuestro miedo a la muerte, a cambio de la verdad y de nuestra capacidad para percibirla.

viernes, 27 de junio de 2014

Entender el Yo

Para explicar qué es el Yo, la personalidad, el "alma", expondré antes de desarrollar una definición cuáles son los elementos clave que lo construyen:


1. El hilo de pensamiento o de información

Es la sucesión de pensamientos o información que produce nuestro cerebro mediante la actividad neuronal, la cual encadena unidades básicas de información mediante relaciones de ideas.
Por poner un ejemplo gráfico, este mismo texto y cualquier otro que exista ha sido desarrollado según relaciones de ideas que han encadenado una unidad básica de conocimiento (concepto, idea) a otras, para acabar formando una unidad mucho más extensa como puede ser un diccionario o una novela.
Pues bien, cualquier hilo de pensamiento se genera a partir de los mismos principios, lo que nos lleva a desarrollar el siguiente punto.

Pero debemos tener en cuenta también que al crear el hilo de pensamiento no sólo recurrimos a la información guardada en nuestra memoria, sino también a la que se encuentra en el exterior, la cual captamos mediante nuestros sentidos y se almacena momentáneamente en la memoria a corto plazo, permitiéndonos utilizarla al momento.


2. Los estímulos

Un estímulo es una unidad básica de información que consigue llamar nuestra atención, es decir, que en algún momento se ve reflejada en nuestro hilo de pensamiento, que aparece en él y ayuda a construírlo.
Toda información no genética que poseemos ha sido en algún momento de nuestras vidas un estímulo.

Existen dos típos de estímulos:
De la memoria o internos: son los que produce nuestro propio cerebro, información almacenada en nuestra memoria, procesada por nuestras neuronas y aparecida en nuestro hilo de pensamiento.
La memoria es el almacén que permite a nuestro cerebro conservar parte del conocimiento adquirido a lo largo de su existencia. Gracias a ésta podemos elaborar complejos hilos de pensamiento al margen de aquellos estímulos que perciben nuestros sentidos; nos permite razonar y llegar a conclusiones a partir de aquella información almacenada previamente en ella.
Para entenderlo mejor, pensemos en un pez cuya memoria sea tan sólo de tres segundos y que por tanto carezca de memoria a medio y largo plazo. Al no tener su cerebro acceso a ningún almacén de información como el que tenemos nosotros, su única herramienta a la hora de actuar ante cualquier situación es el instinto, es decir, el conocimiento guardado en su código genético, pues los tres segundos de memoria sólo sirven para que su cerebro reconozca una situación concreta y reaccione a partir de lo que le dictan sus genes.
Sin embargo, los humanos somos capaces de acumular conocimientos, lo que nos permite poseer una poderosa base de información que usar cuando nos convenga, y es esta misma base la que junto con los cinco sentidos acaba formando nuestro hilo de pensamiento.

De la realidad o externos: cualquier elemento existente fuera de nuestra memoria que nuestros sentidos han captado y que nuestro cerebro ha hecho aparecer en nuestro hilo de pensamiento.
Así como las memorias a medio y largo plazo guardan y recuperan la información para convertirla en estímulos internos, la memoria a corto plazo recoge la información del resto de la realidad para convertirla en estímulos externos, permitiendo incorporarla al hilo de pensamiento a medida que la recibimos.

Es interesante tener en cuenta que nuestros sentidos captan una gran cantidad de información en todo momento, pero que es una pequeña parte de ésta la que acaba convirtiéndose en un estímulo para nosotros.
"Globo rojo"

Con estas dos palabras probablemente haya aparecido dentro de tu hilo de pensamiento la imagen de un globo rojo, o al menos sus respectivos conceptos, por lo que podemos decir que has recibido un estímulo externo. Sin embargo, para mí, el escribir "globo rojo" ha venido dado por un estímulo interno, pues dichos conceptos han aparecido en mi hilo de pensamiento directamente desde mi memoria.


3. La consciencia

La consciencia, que no conciencia, se trata de la habilidad por la cual podemos reconocernos a nosotros mismos y reconocer nuestro hilo de pensamiento; podemos observarlo, analizarlo e incluso sacar conclusiones acerca de su existencia; convierte el hilo de pensamiento en un estímulo en sí mismo, lo cual es una de las grandes ventajas del ser humano respecto al resto de las especies.No debe confundirse con la conciencia, la cual sería sinónimo del Yo o de la personalidad.
Para entenderlo mejor vayamos a buscar un ejemplo opuesto:
Imaginemos una hormiga. La hormiga actúa impulsada por su información genética, es decir, por sus instintos, pero no tiene la capacidad de ser consciente de ello, siendo en definitiva como un chip electrónico que cumple diversas funciones como las de construir, abastecer y defender su colonia entre otras, y que reacciona a ciertos estímulos de forma automática y sin ningún tipo de consciencia de ello, por lo que en este sentido su cerebro está ciego, pues no posee la capacidad visual interior con la que contamos nosotros.

Ahora bien, y aquí viene algo que muchos se negarán a aceptar, el hecho de que gocemos del sentido de la consciencia no significa que poseamos el control de nosotros mismos, pero éste será un tema del que hablaremos en la próxima entrada, por lo que pasaremos ahora al último de los elementos básicos del Yo.


4.  La concentración

La concentración conecta la consciencia con los estímulos, incluído el hilo de pensamiento; es una herramienta necesaria para que ésta pueda centrarse en un estímulo en concreto. Es fácil de confundir con la consciencia, pero la concentración existe en todo ser pensante mientras que ésta sólo en los humanos a parte de en alguna otra especie como los delfines y los elefantes, los cuales tienen la capacidad de reconocerse a sí mismos.
Así pues, vemos que en términos evolutivos la concentración es anterior a la consciencia, y la segunda se añade a la primera para mostrarle a nuestro cerebro aquéllo en lo que nos concetramos, es decir, los estímulos.

Ilustremos con un esquema cómo se relacionan entre sí los cuatro elementos:


Así pues, en el caso de que la consciencia se concentre en el hilo de pensamiento, el cual está formado normalmente por estímulos tanto de la memoria como de la realidad, dicho hilo seguirá su curso, pero en cuanto la consciencia se centre en otro estímulo, ya sea una distracción o una presión psicológica como lo sería cualquier tipo de inseguridad, el hilo se romperá, pudiendo generar conflictos constantes y lo que conocemos comunmente como falta de concentración.

miércoles, 25 de junio de 2014

Bendito análisis

Existen en el Diccionario de la Real Academa Española dos definiciones del concepto "análisis", que para mí resultan un tanto superficiales, pues no llegan a transmitir la amplitud del término:

1. m. Distinción y separación de las partes de un todo hasta llegar a conocer sus principios o elementos.
2. m. Examen que se hace de una obra, de un escrito o de cualquier realidad susceptible de estudio intelectual.



Mi definición no formal sería la siguiente:

"El análisis es la capacidad humana y animal que nos permite comprender cualquier elemento de nuestra realidad, desde un mensaje comunicativo simple como puede ser una sonrisa, a una compleja obra de arte, pasando por las reglas de un juego de cartas, todo ello en la medida en que nuestros conocimientos previos y nuestra inteligencia nos lo permitan."

Todos los avances en la evolución del pensamiento humano, no en cuanto a biología sino en cuanto al conocimiento acumulado, se han producido gracias al análisis de la realidad.

Pero el análisis, padre y madre de todo conocimiento, también resulta fundamental en la evolución personal, en nuestra madurez, pues nos permite detectar cuáles son aquellos aspectos de nosotros que no funcionan como deberían, que entorpecen nuestro desarrollo intelectual y comunicativo. 
Como ejemplos podemos poner desde algo leve como puede ser cierta vergüenza al hablar con miembros del sexo opuesto, hasta cualquier tipo de fobia. En ambos casos la percepción de cierto estímulo nos resulta perturbadora, molesta, desagradable e incluso insoportable, con lo que entramos en un estado de estrés en el que nuestra respiración se entrecorta, las pulsaciones aumentan, el oxígeno empieza a presentar dificultades para llegar al cerebro y nosotros perdemos parte de nuestra capacidad para pensar y actuar.
Resumiendo, cada uno de estos estímulos que para nosotros resultan perturbadores, molestos, desagradables o incluso insoportables, nos generan en más o menos medida este tipo de reacciones.
Hay personas para las cuales no existen demasiados estímulos negativos en su día a día, y sin embargo hay otras que perciben los mismos estímulos de manera negativa, pues su cerebro los reconoce como algo perjudicial para ellos.
Tal y como yo lo entiendo, alguien que percibe la mayor parte de los estímulos recibidos negativamente se encuentra en depresión, ya sea ésta más o menos pronunciada.

El análisis de dichos estímulos y de cómo y porqué nos resultan desagradables, nos puede llevar a entender el porqué de nuestro estado y cómo podemos dejar de tropezar siempre con la misma piedra.

Para poner un ejemplo que nos sea a todos más cercano y alejarnos un poco de la palabra "depresión", recordemos algún momento en el que no hayamos podido llevar a cabo de forma correcta una exposición en clase por culpa de tener nuestra atención centrada en qué pensarán nuestros compañeros de nosotros, o en el hecho de no equivocarnos, y por culpa del estado de estrés y nerviosismo que ello nos produce. Entendamos aquí el estrés no como la enfermedad que conocemos todos, sino como el estado de nerviosismo y agitación generado por estímulos que para nosotros resultan negativos.
Es lo mismo que le pasa a un pez cuando golpeas continuamente el cristal de su pecera. Para el pez, dichos golpes son estímulos negativos que le pueden llegar a generar mucho estrés, hasta tal punto de acabar muriendo.

Soy consciente de que es mi segunda entrada y de que nadie ha visitado aún mi blog, pero para aquellos que vayáis entrando, os propongo el ejercicio de pensar en estímulos que para vosotros resulten negativos, en cómo afectan a vuestro estado de ánimo y en vuestras relaciones personales, y los compartáis mediante comentarios para que podamos sumar experiencias e incluso servirnos de apoyo los unos a los otros.

Por último decir que espero que se entienda, que si hay alguna duda os la resolveré encantado en la medida de lo posible y que me perdonéis la incesante repetición de términos como "negativo", "estímulo" o ya el mítico, entrañable y amigo de todos "análisis".

Se me olvidaba comentar un ejemplo personal de estímulo negativo, pero me gustaría decir antes, no sabría decir muy bien porqué, puede que alguna retorcida parte de mí se sienta orgulloso de ello, que he pasado varios años en un estado no diagnosticado de depresión, y ha sido precisamente el análisis de esta situación el que me ha llevado a planificar mi enfrentamiento a dicha depresión, el cual está teniendo lugar en estos mismos instantes. Casi mejor pienso un ejemplo con calma, a ver si encuentro alguno que sea raro y con el que nos podamos reír un rato.

Gracias por vuestro tiempo.

Presentación

Éste es un espacio en el que pretendo hablar principalmente sobre la conducta y el funcionamiento humanos mediante el análisis de todos aquellos aspectos de éstos que me vayan pareciendo interesantes, aunque como el análisis da para tanto y hay tantas temáticas de las que uno se puede llegar a enamorar aunque sea tan sólo por unos minutos, sé que acabaré hablando de cosas tan dispares como el arte, la política, la ciencia o la religión.

Mi principal objetivo es que este blog se convierta en una herramienta para exponer los conocimientos que he ido adquiriendo mediante el análisis en general y el autoanálisis en concreto, y para que tanto vosotros como yo mejoremos nuestra forma de analizar y sacar conclusiones a partir de nuestra realidad, lo que al fin y al cabo nos permitirá evolucionar como seres pensantes.

A pesar de que resulte contradictorio, pues en sí no deja de ser una justificación, me gustaría aclarar que una de las razones por las que inicio este blog es la de aprender a expresarme libremente, algo que me es imposible de hacer la mayor parte del tiempo. El estar expuesto al juicio de otras personas es para mí casi una fobia que debo superar, así que probablemente saldrán de mi teclado muchos mensajes que por lo general me guardaría dentro. No digo más al respecto, pues este es un tema en el que profundizaremos más adelante, ya que la inseguridad es uno de los mayores problemas comunicativos que sufrimos los humanos.

Quiero dejar claro también que la mayor parte de la información contenida en este blog procede principalmente de las entrañas de mi cerebro, así que es probable que haya datos incompletos o erróneos, por mucho que yo piense que dicha información es lógica y correcta, pero confío en que alguien me corrija si no es ésto cierto.

Creo que no me queda nada más que decir en esta entrada; un saludo y hasta la siguiente.